Después de un largo y cansado viaje Zaragoza – Madrid – Moscú – San Petersburgo ya estoy en el hotel de San Petersburgo. Cerca de 21 horas de viaje, con temperaturas cambiantes, con nieve en Rusia y sol en Madrid, y con ganas de darle una patadita a la maquinita detectora de metales de los aeropuertos (debían haberle puesto la sensibilidad al máximo), pues ya estoy en San Petersburgo.
Nieve helada nos esperaba en Rusia. Nublado en San Petersburgo, soleado en Moscú. La ciudad sigue igual que cuando la vi por última vez hace unos meses (faltaría más, no iba a cambiar de arriba a abajo), pero la humedad ahora es mucho mayor, y también el frío. Mañana, a dar vueltas por la ciudad. Los espíritus de los zares nos esperan en sus palacios.
